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10 Poemas de Ángel Petisme

Poetas, regresad

A distinguir me paro las voces de los ecos

Oídme, poetas de la experiencia, del silencio,

de la conciencia, de la post-verdad.

Volvamos a las plazas, a la gran Asamblea.

Sólo hay poesía o inexperiencia de la poesía.

Volvamos con los mieleros de la noche

y las mujeres públicas,

abandonemos las devastadoras soledades de internet

y a las musas de la autoficción,

escapemos de nuestros reflejos narcisistas,

saltemos desde las torres gemelas del marfil:

la de la vanidad, la del resentimiento.

Tomemos las palabras y las plazas.

Nuestras son ambas, nunca debimos retirarnos

a los cuarteles del Parnaso y entregar las armas.

Benditos y malditos poetas, retornad con semillas.

Vuestra voz no tiene inmunidad ni impunidad.

Arriba la fraternidad de los zahoríes de lágrimas,

la justicia de los insurgentes de la vida,

la libertad de los giróvagos antes de la tormenta.

Regresad.

Nuestras son ambas, nunca debimos abandonarlas.

Recordad a Hölderlin: Seamos mendigos otra vez al soñar

y dioses al reflexionar. ¿O era al revés?

El humo de un poema contiene

más de setenta sustancias anticancerígenas.

Recordad, a la luz de las viejas preguntas, a Hegel

en su Filosofía de la Historia:

nada grande se ha realizado en el mundo sin pasión.

Oídme bardos, youtubers, tuiteros, parapoetas:

Un montón de likes no os convierte en nada.

Los jóvenes salen a las calles

y envejecen los partidos políticos.

Poetas, lo más difícil de ver es el tiempo.

Memorizad estos versos de Ricardo Reis:

Siéntate al sol. Abdica.
Y sé rey de ti mismo.

NOTA.- Las citas en cursiva, a principio o final del poema, son de Antonio Machado.

Mañana estarán muertas

Para Luis Eduardo Aute

Se llevaron a mi bebé. Kigali. Abril, 1994.

Me penetraron una, dos, tres veces.

Más tarde, no recuerdo, nos arrojaron

a otro cuarto sobre las uñas de la oscuridad

y violaron a todas las niñas.

Resonaban las voces de los locutores

de La Radio de las Mil Colinas.

Volvieron más ojos sobre mí, cinco, diez, doce.

-Cucaracha, no queda un lugar para ti,

el cielo y el gobierno te han abandonado.

Me humillaron con puños y pinzas,

mazas con clavos, botellas de cerveza,

¿que fuese madre les importaba?

El dolor, el dolor y morderse los labios.

Oía a las chicas gritar pero no las veía.

De nuevo me violaron. Me quería morir.

Pensé, Dios de la Selva, ¿quiénes son estos diablos?

Al día siguiente nos hicieron volver.

Me arrastraron como a un muerto

y estaba muerta como una piedra fría, en verdad.

Nadie hizo nada. Nadie nos protegió.

Como el entrenador alienta a sus jugadores

uno de ellos, director de asesinos, les decía a los otros:

 -¿No me preguntas siempre cómo sabe una Tutsi?

Mañana estarán muertas.

Al día siguiente una anciana arrugada

me contó que a las chicas las habían matado.

Me dijo cómo vivir. Huye, lucha por el amor.

No podía con mi bebé en los brazos.

Pero me fui y escondí en la ciénaga.

Ruanda, el genocidio más aterrador de África.

Oigo a los perros arriba, en la carretera,

comiéndose los cuerpos. Pasa un coche.

Sigo escondida en el pantano con mi hijo.

(de El faro de Dakar, Renacimiento, 2017)

Velas sobre el tigris

El día de Zacarías en Bagdad

encendemos velas y las colocamos

flotando sobre el Tigris,

pensamos un deseo.

No tenemos nada

salvo la guerra sobre nuestros hombros,

es cierto Ahmed, 

como abejas sin néctar.

Pero volverán días buenos,  

te casarás, tocarás la belleza,                   

y acunarás otra vida en tus brazos

con las promesas de la felicidad.      

Los puentes del río, las nubes

del Caspio que venían

untando el mar y recogían velas.

Había peces y amor en su profundidad,

era tan hermoso,

las mujeres arrojaban pescado a las gaviotas.

Y ahora este sudario de humo,                         

el insomnio de los escorpiones.

Ahmed, el mundo que da miedo acabará.

Los tanques, los disparos,

las hélices siempre allá arriba.

Sé lo que piensas:

Si no luchas por tus sueños

es que no los mereces.

Vendrán días mejores,

pase lo que pase, no pierdas tu inocencia, le digo.

¿Quién sabe si un día volverá a sonreír?

Cuando se lee poco

Cerdo unionista, españolista, mentiroso independentista,

métete la bandera blanca por el culo,

de uno y de otro lado me llamaban.

Todas las Furias del firmamento

se enzarzaban y atizaban al pedir

la cordura, la palabra y la paz.

Los argumentos más belicosos y dementes

venían con infinitas faltas de ortografía.

Hay que independizarse, no lo dudes,

hay que independizarse cada mañana frente al espejo,

no en éste que no te respeta y tanto te conoce

sino en el que invoca la urgencia de pensar caminando.

.

Recordé las palabras de José Luis Sampedro:

Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresió

no nos sirve de nada;

las del filósofo Emilio Lledó:

¿Qué me importa a mí la libertad de expresió

si no digo más que imbecilidades? 

Hay que independizarse, sí,

de la ignorancia, la pereza intelectual y los tópicos,

cada mañana frente al azogue.

Grita, exige la libertad más crítica

de tu cerebro y de tu corazón.

Nadie vendrá a salvarte excepto lo que quede

de la bestia no herida que respira en ti.

Nos sobran balas y nos falta tiza,

nos faltan sabios y serenidad.

.

A veces, como ahora, me arrumba el desaliento,

me abro en canal y me descorazono

cuando el oficio de belleza queda

eclipsado en un océano de analfabetismo senti-mental,

y nuestros susurros, las palabras del río, apagados

por una turba ensordecida y ciega.

.

Cuando se lee poco se dispara mucho.

No es un problema de separatismo, amor mío,

sino de algo peor: educación.

Cuando se lee a Mairena es siempre todavía.

Infinitas faltas de ortografía.

Quizás no sea tarde de aprender a rezar.

El niño de la maleta

Anochece en Fuerteventura,

isla de los destierros, miro hacia el horizonte

y a todas las lunas lanzo la pregunta:

¿Cuándo vendrá el gorrión a mis brazos,

mi pájaro sin bandada de Costa de Marfil?

¿En la próxima estación de las flores?

Tu padre cada día rellena formularios,

pide para ti permiso de residencia.

La distancia, amor mío, es otra enfermedad,

un búho ciego, un dolor incurable

del sol, un frío de vivir.

Cuelga de un hilo entre cuatro paredes

la esperanza que alimenta los sueños.

Enciendo una vela y miro al firmamento.

Bajo el cinturón de Andrómeda

y su gran nebulosa le pregunto

a las Siete Cabrillas de las Pléyades:

¿Quién me devolverá al ángel del escáner,

mi niño sin papeles?

¿Quizás venga en sus sombras rojizas

la noche del eclipse de luna?

En la Fiesta de las Máscaras

cuando de todas partes llegan las bailarinas

invoco su nombre, Adou, a los espíritus del bosque.

Preparo aloko para mi platanito

en aceite de palma, sin cebolla ni especias,

como le gusta a él.

attiéké, la yuca gratinada, como le gusta a él.

Cuando los niños lloran la muerte se adormece.

Ay, mi vodún ¿Tendrá una grieta para respirar,

le habrán dado agua para este viaje los traficantes?

Adou Outtara, de 8 años, llegó escondido en el interior de una maleta a Ceuta, donde lo recogería poco después su padre para reunirse la familia en Fuerteventura. Pero la Guardia Civil lo descubrió y el sueño se truncó. Página de Sucesos. 12.05.2015

La bolsa

Esto haría llorar hasta a una piedra.

Aida preguntaba aquella noche

a todo el que veía por el barrio

por su hijo Luay.

Durante el día siguiente llamó a las casas

de sus vecinos por ver si alguien

le daba señales de su hijo querido.

Un niño había visto

que dos encapuchados lo empujaban

dentro de un coche,

apretaron el acelerador entre los baches

y se perdieron en el polvo.

Hoy llamaron a la puerta,

Aida abrió y unos niños 

le entregaron una bolsa de plástico.

Al abrirla…estaba la cabeza de su hijo.

Llevamos en el barrio treinta años

pero nos han amenazado también.

Le cortaron la cabeza a su hijo

y se la entregaron en una bolsa de plástico.

Mañana haremos las maletas.

El viaje será peligroso.

Nos vamos de Bagdad.

Uranio en las manos

El  universo se detiene cuando te veo
los crímenes, los taxis, los incendios, la lluvia.
Todo se congela con sólo un parpadeo,
todo en espera en los pasos de cebra.
Te amo igual en la distancia claro,
un bombero que ríe y un fuego que sueña.
Miro tus ojos al abrirte la puerta
y mis aguas revueltas se calman,
el lago más cristalino y azul del Google Earth
no puede compararse a esta hermosa
y profunda sensación de existir.
Si esto era el amor, uranio en las manos,
no lo cambio por bonos en playas paradisíacas,
si esto era la vida, temblor e intensidad,
no te cambio por nada. Ya me puedo morir.
He vivido con creces y lo repetiría.

Míssera

La furgo da saltos de gacela

y sale de los charcos de milagro

por la pista de tierra y socavones.

Parece que cruzásemos Marte

o un planeta herido. Llegamos

al atestado puesto fronterizo.

Muchas almas para tan pocos ángeles.

Entran los brazos por las ventanillas:

-¡Cadeaux, cadeaux!-, gritan los niños.

Es domingo en esta encrucijada.

Mercado de Farafenni.

Un féretro en la baca de un taxi,

mangos, pescado ahumado,

cuerdas, telas de percal.

-Que la tierra sea más benévola

en la próxima cosecha- suspira una mujer.

El primer pueblo de Gambia

atravesado el río homónimo,

camino de Ziguinchor,

se llama Míssera. Más que una metáfora,

un viaje al corazón

en el país más pequeño de África;

el alcance de una bala de cañón

es su espacio y su forma,

uno de los más pobres del mundo.

Hay dioses en el cielo

y en la tierra demonios.

Quizás tras morir el pez

comience a morir el hambre.

de «El faro de Dakar» Ed. Renacimiento, abril 2017

Revolución

Si alguna vez ve saltar por la ventana a un banquero suizo, salte detrás.

Voltaire

Ya conoces la historia: lo que tenía visos

de ser una manifa más contra el sistema,

en tiempo de crisis, se convirtió

en la más grande explosión de conciencia,

belleza y rebeldía del siglo XXI.

Intuíamos que la crisis no era sino una estafa,

la esperanza dejó de ser una boca de metro,

y la luz de Sol, el latido del Sol, llegó a bañar

y despertar a todos los rincones del planeta.

El 16 de mayo, lunes al mediodía,

apenas treinta locos firmábamos

en el kilómetro cero un manifiesto.

En la madrugada del martes,

tras la carga policial, desalojo y detención

de los que esa noche habían acampado,

la noticia corría por internet y volvimos

a pernoctar más de doscientos.

El 20 de mayo escribí en mi diario:

Me he pasado media noche en Sol compartiendo

el mechero, hablando con unos y otros,

arreglando el mundo; la otra media,

con una escoba y un recogedor.

Cuando llego a casa a las ocho me pregunta mi hija:

¿De dónde vienes a estas horas?

De barrer en la Puerta del Sol,

mi amor. Así, como te cuento.

Había una ola muerta de frío en el armario,

un grito dormido en el fondo de cada corazón,

las olas se juntaron y un tsunami de voces

nació contra el terrorismo del dinero

e improvisaron una ciudad de toldos,

respeto, asambleas y cuerdas.

El viento arrastró esos granos de arena

y juntos construyeron en la Puerta del Sol

una playa donde lavar y refrescar 

tres palabras hermosas y heridas:

fraternidad, igualdad, libertad.

Alguien nos recordó que Venecia

en el siglo XII creó la deuda pública.

Madrid no era la ciudad más bella del planeta,

o sí, pero el siglo XXI y su deuda se nos tragaban.

Salimos a las calles, tomamos

las plazas los hijos de las nubes,

los secuestrados de la democracia.

La historia cuenta lo que sucedió,      

la poesía lo que debía suceder.

Esta es una historia que aún no ha acabado,

le quedan muchas páginas;

que no tiene prisa por el desenlace

ni voluntad por firmar su derrota.

Una historia que habla del color de la necesidad,

del reparto equitativo del deseo,

de aquellos que no miran la vida de reojo

ni aceptan las migajas del corazón de piedra,

estómagos vacíos que acarician el cielo.

¿Recuerdas los últimos versos de Machado

en Collioure: estos días azules y este sol de la infancia?

¿Y cuando me besaste bajo el Oso y el Madroño

y esos versos se convirtieron en las noches de Sol

y este azul de la aurora de nuestra juventud?

¿Recuerdas esos días de manos levantadas en silencio?

Quedaba una semana para las elecciones,

nuestros sueños no cabían en sus urnas.

Estábamos borrachos de ilusión y utopía,

juntos nos regalamos el don del entusiasmo.

Nos abrazábamos al encontrarnos. Recuerdo

la lluvia torrencial golpeando los toldos,

inundando las tiendas de campaña,

arrastrando los abrazos, lo mejor de nosotros,

parecíamos palomas bajo el diluvio,

respirábamos hondo cada vez que veíamos

a la policía enfundarse en sus cascos,

cerrábamos los ojos apenas un segundo

para que nadie nos despertase

de ese instante inmortal. Nos repetíamos:

no podemos volver al tiempo de la anestesia,

no debemos regresar a la oscura caverna.

Julio hacía fotos, Ana escribía en su blog,

Twitter y Facebook ardían. Éramos

héroes anónimos por un día.

Éste era nuestro lugar y nuestro mayo,

no el del 68.

¿De qué me sirve tener vida si no sé quién soy?

La frase no era de Saramago ni de Wittgenstein

sino de la sonrisa de 124 centímetros

que me preguntaba cada mañana

cuando llegaba de la Puerta del Sol:

¿Qué, papi, cómo va la revolución?

Podría colgar de cualquier pared de la acampada

junto a ésta de Ghandi que pendía debajo

del Oso y el Madroño: Vivir sencillamente

para que los demás puedan sencillamente vivir.

Ponle luz a este mundo

Hasta que tengas fuerzas para bajar las escaleras

y tirar la basura, ponle luz a este mundo

y plasma su belleza milimétrica.

No te asustes si despiertas y el cordón

umbilical te llega al cuello,

te ha tocado vivir en días sin entusiasmo.

Ponle luz a este mundo, un destello sonámbulo,

denuncia la ignorancia de las calculadoras.

Tú tienes el poder de tejer escaleras de seda,

de no vivir de espaldas, de hacer de este misterio

sólo un Viaje de Ida, sin camisas de fuerza.

Hasta que el odio deje de gobernar

y el oro de la gomina no vuele por los aires,     

ponle luz a este mundo que estraga y enferma

noches, días de pánico y pandemia,

que asola las ciudades

y los sueños de tiempo y soledad.

Hasta que sólo tengas aquello que perdiste,

hasta que te hagas invisible sin trucos, 

y olvides las promesas de Descartes y Kant,

ponle luz a este mundo,

convierte los anhelos, la belleza irreal…

Tira de las estrellas hasta que veas

desde arriba tu barca en llamas,

hasta que vuelvas a llorar

sobre la piel de las violetas.

Olvida el luto, sorbe la tristeza

de los huesos y los números

para quienes insisten en pedir la verdad.

Canta suave, sé un río bajo tierra.

Sé suave en lo que toques, un diapasón

en los fuegos azules hasta que tu debilidad

justifique el silencio, hasta tus últimos suspiros. 

Y después trabaja las metáforas mirando hacia adelante,

no anuncies tormentas, despedidas y fríos.

Que disfruten de ti los que viven,

los que esperan el fin.

Pon luz donde no llegas tarde.

No recaudes en las telas de araña,

no te vengues de lo que vino antes

ni pases factura

a lo que después te rompió el corazón.

Olvida la pirotecnia.  

Vive despacio pero sueña deprisa.

de Nuestra venganza es ser felices. Ed. Tranvia Verde, 2020

Ángel Petisme (Calatayud, Zaragoza, España, 17 de enero de 1961) Poeta, músico, compositor y escritor.

Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza y fundó la revista «Narra», en la que escribió sus primeros poemas y donde surgió el llamado grupo de Jóvenes Poetas Aragoneses.

En 1983 empezó a compaginar su vocación literaria y su pasión por la música, y formó el grupo «¿Qué es el optimismo?», con el que se presentó en público, por primera vez, en la plaza de toros de Zaragoza.

Más tarde, Ángel se trasladó a Madrid donde estudió Filología Italiana, a la vez que solfeo y canto.

En 1984 publicó su primer libro de poemas al que tituló «Cosmética y terror» (Ediciones Olifante).

Mientras tanto, en Madrid, continuó ofreciendo sus conciertos con el grupo creado en Zaragoza, y fundó con Pedro Navarrete –que después fue miembro de Radio Futura–, un nuevo grupo llamado «Ciao, Michele», al que le siguió, en 1987, «Los Sin Techo», con el que grabó dos canciones. «Un hombre, una chica y una guerra» y «Ciegos delante del espejo» (Rocco Records).

En 1989, Ángel publicó su segundo libro de poemas «El océano de las escrituras» (Ediciones Libertarias), obra de la que Luis Eduardo Aute comentó: «Extraño Ángel este éste que en lugar de volar, prefiere navegar sobre los océanos escritos por amores remotos. Extraño Ángel éste que se asoma a los acantilados no para intentar el vuelo cual Ícaro resucitado sino para escupir sobre las tumbas de las crucifixiones ajenas, disparando a discreción incluso contra su propio oficio de guardián de almas en peligro. Ángel y hombre, poesía y ciencia: dos caras de la misma reflexión, dos heridas que manan la misma inextinguible luz. Extraño Ángel este Ángel Petisme.»En 1990  editó un primer disco en solitario y un nuevo libro de poemas a los que llamó «La habitación salvaje» (1990). Con aquel motivo Luis Antonio de Villena describió a Petisme como «Un bohemio de hoy, un loco privilegiado de siempre, un maldito de vocación, un moderno absoluto, bebedor de tangos, boleros, haxis, rock y absenta».En 1991 publicó «Constelaciones al abrir la nevera» En el año 2000, Petisme, para celebrar diez años de trayectoria discográfica y cerrar el siglo XX, revisa y publica su primer disco “La habitación salvaje” y lo acompaña de “Mi zoo privado”, con canciones breves inéditas, escritas a lo largo de su última década. Ese mismo año publica el libro «Buenos días colesterol» con el que obtiene el Premio Sial de Poesía al Mejor Escritor del Año. En enero de 2003, Petisme decidió iniciar una estrecha colaboración con la «Plataforma de Mujeres Artistas Contra la Violencia de Género» y se desplazó a los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf. En febrero, un mes antes de la invasión, viajó a Iraq para decir «no a la guerra», apoyar a la población civil y realizar un concierto por la paz en Bagdad. Fruto de esa intensa experiencia surgió el libro “El cielo de Bagdad”, editado en 2004. Sus royalties, de esa obra, se destinaron para los hospitales y la población de Faluya salvajemente atacada por el ejército estadounidense. Posteriormente viajó a Palestina para condenar la construcción del “Muro de la Vergüenza” por parte de Israel y participar en varios conciertos. A su vuelta escribió el libro “Insomnio de Ramalah” publicado a finales de 2005 y “Donde lloran los olivos”, un diario en prosa. En 2006 Ángel publicó su libro “Teoría del color” –antología de sus mejores poemas– y “Éxitos secretos”, una recopilación de sus mejores canciones con tres temas nuevos y un DVD.

Otros poemarios publicados :

 «Demolición del arco iris» (2008), «Cinta transportadora» (2009) –obra por la que se le otorgó el VII Premio internacional de Poesía Claudio Rodríguez–, la reedición revisada y ampliada de «Océano de las escrituras» (2010), «La noche 351» (2011) –Premio Jaén de poesía–, «Poemails» (2011), «Lupanar de Greenwich» (2012), «Canciones. Del corazón a los labios» (2012) –libro en el que Ángel Petisme reúne toda su poesía cantada–, «Fast Food For Freaks» (2014),  «El lujo de la tristeza» (2014), «El faro de Dakar» (2017),  «La camisa de Machado» (2019) por el que recibió el Premio Internacional Antonio Machado de Colliure, y  Nuestra venganza es ser felices.( 2020).

Enlaces de interés :

https://angelpetisme.es

https://www.diariodelaltoaragon.es/noticias/cultura/2021/03/15/angel-petisme-vi-que-el-peor-virus-eramos-nosotros-y-elegi-poemas-que-mas-podian-ayudar-en-pandemia-1477853-daa.html

https://pongamosquehablodemadrid.com/2015/08/26/entrevista-consentida-sin-sentido-a-angel-petisme/

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