10 Poemas de Susana Cattaneo

¿Quien es ese hombre?

Quién es ese hombre
que me observa desde otro país?
Que tiene trincheras detrás de los ojos,
de quién no sé si aún lleva barba
y el pecho a la intemperie.
Tampoco si tiene despoblado
aquel rostro de cenizas.
Él me contempla escondido en el tiempo.
Desde aquellos domingos que lloramos juntos.
Desde el universo de viejos otoños.
¿Quién es ahora, ese hombre
que juntó hace siglos su soledad con la mía?
Que compartió angustias, el dolor, palabras.
¿Dónde está? ¿Dónde con sus huesos?

En algún rincón de su tristeza
debe estar buscándome.
A pesar de todo.

cattaneoj

A mis hermanos de la vida

Toma la copa, hermano.
Sé que hay un mundo de sombras que nos sigue de cerca;
arenas cansadas y dedos quebrados que temen la muerte.
Hay un gemido de gaviotas que se adorna de ortigas y abarca los mares.
También lámparas y campanas sordas. Ojos apagados de tanto mirar lejanías y tal vez, una cruz horadando  esperanza. Toma la copa.
Se escucha un extraño sonido de árboles que crecen en la mitad del mundo.
Vibra el llanto de alguien que perdió el calor de las palabras.
Creo que juntos es posible recorrer el sueño de las hadas y que de la mano podemos caminar sin miedo por toda esta tristeza.
Aún podemos, hermano. Bebe: la copa tiene vino, miel y luz. Tómala  porque a pesar de todo en algún lugar, sigue naciendo la vida.

De un cuadro de Salvador Dalí : Cráneo atmosférico sodomizando a un piano de cola

Llega la bestia. Sus colmillos de fuego dejan sangre en la playa. Los dientes de granito corroen la música, el canto de las olas, los coros fantásticos del convento donde anidan desterrados.

El trueno astilla las nubes y peces rojos brotan del fondo de todos los abismos.

Un hombre y su sombra velan la tormenta. Encierran tras los muros el viento apocalíptico.

Las barcas encallan en montañas de muertos que murieron dos veces.

Y llega la bestia. Con su cráneo de azahar y veneno. Levanta el labio de la música para que se llague su boca. Con cuchillos de hueso carcome la canoa.

El sol derrite su amarillo y nace un mar con ese nombre.

Una prisión en las aguas.

Un hombre y su sombra.

Ese agujero pertinaz sobre la vida.

A la mujer que fuí

                                                                              Mi nombre entra a una lágrima

Yo te vi en mediodias ardidos de verano

cobijada en  el frescor de sombras y de ramas.

Te vi tejiendo anillos con la felicidad

mientras cerrabas pactos de infinito.

Con la boca dulce, te vi, llena de verdes.

Danzabas sueños hechos de paisajes.

Eras colibrí que libaba en el amanecer más hermoso.

Bebías palabras, escribías poemas.

Te nacieron libros –¿recuerdas los años?- .

Te llenabas de pupilas tatuadas de cielo.

Yo te vi sentada junto a la alegría;

correr en grandes círculos jugando al mundo.

Regalabas frases; perseguías insectos invisibles.

El día te estallaba de luz perfumada de voces.

Ella –la pequeña de pestañas blancas

y  mirada como almendras- ,

olisqueaba el aire, la vida, el pasto.

Las otras volaban, rodeaban tus libros, picoteaban arroz.

Te vi rodeada de amor en tardes que partían.

Te vi en invierno, cálida y feliz.

Recogías en otoño hojas escarlata y admirabas su belleza.

Te sentías plena con los brotes de septiembre

y con  lluvias de octubre bordabas la dicha.

Te vi plácida entre árboles junto a la eternidad.

Sí; yo te vi. Eras mucho, mucho más

que esta pobre mujer que hoy esconde sus ojos.

Mucho más que esta tristeza.

 

Enigma de la playa

Que le crean, pidió, rogó;

con llanto escarlata, hirviente, rogó:

que le crean a ella, la que desespera el viento,

la de noche en neblina;

aseguró y aseguró:

vio aquello, sin duda, en el último punto del muelle,

donde la muerte se zambulle

y comienzan las aguas de oscura boca.

Que le crean, pidió, rogó;

no mentía, dijo, no mentía;

que le crean a ella, la loca de la playa,

la amante de los peces en celo;

vio aquello, lo vio

donde los ojos alcanzan a ver pero no miran,

en el lugar donde se zambulle la finitud.

Que le crean, pidió, rogó, con llanto escarlata,

a ella, la despiadada de sí,

la que convive con serpientes debajo de la arena

y grita de espanto, furia,

en el final del muelle, dijo, al final.

Alguien le crea, pidió, rogó la desolada.

Que acepten: sus ojos abarcaron la últimas piedras

y llegaron donde nadie.

Donde se zambulle Dios. 

Cuando ya no esté

¿Quién pondrá el pie

 sobre la marca que dejó el mío?

¿Quién mirará estos árboles

donde mis ojos dejaron huellas?

Alguien oirá cantar un pájaro

que será otro.

Alguien respirará los mismos pinos

de un verde más cansado.

La vida será un papel en blanco

y no lo podré sellar con mi palabra.

Seré la luz

         que esplende

por todas las penumbras.

El invierno

                 de cada enamorado.

La erosión del mar

              en las piedras solas.

Las tempestades

                  que golpearán raíces.

La noche plata

           sobre un callado océano.

Aquellas vacaciones.

Aquel viaje.

Cada tarde vivida entre la lluvia.

Seré

                     las huellas de la playa

en otros mundos.

La sal de los orientes.

                Lejanías de puertos y leyendas.

La extranjera errante.

          Aquella que encuentres en tus pasos.

         Seré todas las cosas.

                               Seré el olvido.

…a la pequeña de pestañas blancas
y amor en sus ojos de almendra…

Cae en la playa la tarde que soy
herida de faros y gaviotas nocturnas.
Un follaje de arena pasea mi cuerpo
escanciado por la brisa que lo cubre.
Cómo no recordar las noches en el muelle.
Las carreras invencibles entre luna y agua.
El camino plata sobre ondulaciones perfectas.
Recordar árboles vestidos de milagro.
Sí; cae en la tarde la playa que soy,
mi pequeña de pies blancos.
¿Dónde llevaste tu alegría de calandrias?
Juego acertijos desde aquel aciago día.
Apuesto: tus ojos me besan en este instante azul.
Mira, hay una floración de ángeles
en la mitad del cielo.
En la otra, una dulce jauría de amapolas.
Ya la noche es mayor y danza misterios sobre el mar.
Ha caído en la espuma la playa, la tarde que soy.

 

Después de morirme

Después de morirme me siento a mi lado

                        y me espío.
                                         Sutil vigiladora

de mis comportamientos de muerta,

               no cejo en el intento
                          de descubrir pecados.

La noche trasformada
                         en avispas gigantes

           torna en agujas
                              sus ojos en celo.

Necesito crear endechas
                           que me consuelen

a la sombra
                 de la sombra de aquella

que alguna vez habitó en mí.

La caza

No hay excusas que expíen
                   las culpas de la especie.

Ni renuncias

                prodigiosas.

Ni arrepentimientos

              desgarrados.

Sangra
           un trozo de marfil

en el oropel
              de tu garganta.

Dios

Sobrevive a todo.
    Lo he visto afilar palabras.

Agotar pueblos.
          Invertir la dicha

con sus pies gigantes.

Apretar gargantas.

            Lo he visto.

Ayer mismo,

             hoy,

                ahora.

Angustia pechos ; asfixia.

Con letras en graffiti

                  insulta rostros en plegaria.

Sobrevive a todo.

            Le arrojo piedras de ilusiones.

Promesas de amor,

                           amaneceres.

Dejo tras su altísima estatura

                      templos con gardenias,

                                         increíbles vergeles.

Sobrevive a todo.

                 No abandona el reino de la noche.

Lastima con hechizos

                      y condena injustamente.

Lo he visto.
            Sí; lo he visto.

Escribe en hojas negras

                        el regocijo de sus horas.

Golpea la alegría.

                       Deshace los proyectos.

Se nutre de dolor.
                      Lo he visto todo.

A todo sobrevive.

Susana Cattaneo (Buenos Aires,Argentina, 1945).Psicóloga y escritora. Comenzó a escribir desde la primaria. A partir del año 1997 es cuando se dedica intensamente a la poesía. Ha publicado veinticinco libros (en su mayoría de poesía) y participado en diversas antologías nacionales e internacionales. Además, fundó una revista literaria impresa y obtuvo varios premios por sus poemas y en reconocimiento por su obra.Varias de sus obras han sido parcialmente traducidas al inglés, francés y portugués.

Algunos ibros publicados :

Afrodita en tu alma, 1964.
Castalia, 1971.
Tu agua de sed, 1973.
La diosa suicidada, 1997.
Los destinos infinitos, 1998 (finalista del concurso Sociedad de los poetas vivos);
Poemas de incienso, 1998;
Más allá del último portal, 1998.
La orilla más lejana, 1998, 1er. premio «Poetas de hoy»
La mirada en otro cielo, 1999, Faja Nacional de Honor de ADEA 2000
Detrás del relámpago, 1999
Estrellas en Plegaria, 2000
La quinta estación, 2000.
Bitácora (fotos de vida), 2002.
Lluvia sobre toda soledad, 2003.
Mensajeros del principio, 2004.
Palomas de la soledad (el libro del vacío), 2005.
Niña subterránea, 2006.
Musgo en el Sol, 2007.

Bufanda de pájaros, 2007.

Esa nostalgia de mí (poesía en prosa)2012.

Oasis de Infinito 2018.

Enlaces de interés :

Web: http://www.extranjeraweb.com
Mail: susanacattaneo06@gmail.com

https://revistasieteartes.com/2021/03/30/entrevistando-escritores-susana-cattaneo-por-jesica-sabrina-canto/

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