13 Poemas de William Blake

«La Poesía, la Pintura y la Música son los Tres Poderes en el Hombre para conversar con el Paraíso que no fueron barridos por el Diluvio»

William Blake

Canto para acunar

Dulces sueños, formad una pantalla
Sobre la linda cabeza de mi niño;
dulces sueños de agradables corrientes
bajo rayos de luna felices y silenciosos.

Dulce sueño, que tus cejas tejan
con suave felpa una corona infantil;
dulce sueño, Ángel terso,
fluctúa sobre mi niño dichoso.
Dulces sonrisas, durante la noche
meceos sobre mi encanto;
dulces sonrisas, sonrisas de Madre,
cautivad la noche interminable.
Dulces lamentos, suspiros de paloma,
no alejéis el letargo de tus ojos,
dulces lamentos, sonrisas aún más dulces,
cautivad todos los lamentos de paloma.
Duerme, duerme, niño afortunado,
que toda la creación duerme y sonríe;
duerme, duerme felices sueños,
mientras tu madre llora sobre ti.

Dulce bebé, en tu rostro
puedo discernir la santa imagen;
dulce bebé, otrora como tú
yacía tu hacedor y lloraba por mí.

Lloró por mí, por ti, por todos
cuando era apenas un pequeñito.
Su imagen siempre verás,
rostro celestial que sobre ti sonríe,
A ti, a mí, a todos les sonríe;
quien se volvió un pequeñito.
Las sonrisas infantiles son sus mismas
sonrisas;
y cautivan con paz el cielo y la tierra.

Imagen divina

La crueldad tiene corazón humano

y la envidia humano rostro;

el terror reviste divina forma humana

y el secreto lleva ropas humanas.

Las ropas humanas son de hierro forjado,

la forma humana es fragua llameante,

el rostro humano es caldera sellada

y el corazón humano, su gola hambrienta.

El ángel de la revelación (1805)

Canto del reir

Cuando los verdes bosques ríen con la voz del júbilo,

y el arroyo encrespado se desplaza riendo;

cuando ríe el aire con nuestras divertidas ocurrencias,

y la verde colina ríe del estrépito que hacemos;

cuando los prados ríen con vívidos verdes,

y ríe la langosta ante la escena gozosa;

cuando Mary y Susan y Emily

cantan “¡ja, ja, ji!” con sus dulces bocas redondas.

Cuando los pájaros pintados ríen en la sombra

donde nuestra mesa desborda de cerezas y nueces,

acercaos y alegraos, y uníos a mí,

para cantar en dulce coro el “¡ja, ja, ji!”

Melancholy (1816-1820)

La noche

Desciende el sol por el oeste,
brilla el lucero vespertino;
los pájaros están callados en sus nidos,
y yo debo buscar el mío.
La luna, como una flor
en el alto arco del cielo,
con deleite silencioso,
se instala y sonríe en la noche.
Adiós, campos verdes y arboledas dichosas
donde los rebaños hallaron su deleite.
Donde los corderos pastaron, andan en silencio
los pies de los ángeles luminosos;
sin ser vistos vierten bendiciones
y júbilos incesantes,
sobre cada pimpollo y cada capullo,
y sobre cada corazón dormido.
Miran hasta en nidos impensados
donde las aves se abrigan;
visitan las cuevas de todas las fieras,
para protegerlas de todo mal.
Si ven que alguien llora
en vez de estar durmiendo,
derraman sueño sobre su cabeza
y se sientan junto a su cama.

Cuando lobos y tigres aúllan por su presa,
se detienen y lloran apenados;
tratan de desviar su sed en otro sentido,
y los alejan de las ovejas.
Pero si embisten enfurecidos,
los ángeles con gran cautela
amparan a cada espíritu manso
para que hereden mundos nuevos.
Y allí, el león de ojos enrojecidos
vertirá lágrimas doradas,
y compadecido por los tiernos llantos,
andará en torno de la manada,
y dirá: «La ira, por su mansedumbre,
y la enfermedad, por su salud,
es expulsada
de nuestro día inmortal.
Y ahora junto a ti, cordero que balas,
puedo recostarme y dormir;
o pensar en quien llevaba tu nombre,
pastar después de ti y llorar.
Pues lavada en el río de la vida
mi reluciente melena
brillará para siempre como el oro,
mientras yo vigilo el redil.

El anciano de los días (1794)

El viajero mental

He viajado a través de un país de hombres,
un país de hombres y también de mujeres,
y he oído y visto tan horrendas cosas 
como nunca los caminantes de la fría Tierra han conocido.

Porque allí nace en la alegría el niño
que en el atroz dolor fue concebido,
tal como en la alegría cosechamos el fruto
que fue sembrado en lágrimas amargas.

Y si el recién nacido es un varón,
es entregado a una mujer anciana
que lo clava tendido en una roca
y en copas de oro coge sus lamentos.

Con espinas de hierro cierne su cabeza,
y agujerea sus pies y sus manos,
corta su corazón y lo desprende
para hacerle sentir calor y frío.

Sus dedos enumeran cada nervio 
como un avaro contando su oro, 
y de lamentos y gritos se nutre, 
y él envejece, y ella se hace joven. 

Hasta que convertido en un joven sangriento,
y ella mudada en espléndida virgen, 
destroza sus cadenas, y la amarra 
a ella a la Tierra para su placer. 

Se planta él mismo en lo nervios de ella 
como un labriego planta en su terreno,
y ella se convierte en su morada
y en jardín que le rinde setenta veces frutos.

Pronto se torna envejecida sombra
vagando alrededor de una cabaña terrestre,
llena de pedrerías y de oro
que ganó su trabajo.

Y éstas son las pedrerías del alma humana,
los rubíes y las perlas de un ojo enfermo de amor,
el oro innumerable del corazón que sufre,
el gemido del mártir y el suspiro del enamorado.

Son su alimento y su bebida,
mantiene a los mendigos y a lo pobres,
y para el caminante en viaje siempre
su puerta permanece abierta.

Su pena es alegría eterna en ellos;
hacen resonar los techos y los muros
hasta que de la lumbre del hogar
una pequeñuela emerge de pronto.

De fuego sólido ella es,
y pedrerías y oro, en tal manera
que nadie osa tocar su infantil forma
o envolverla en pañales.

Pero ella llega donde el que ama,
joven o viejo o rico o pobre;
muy pronto expulsan al anciano huésped
que se va mendigando por puertas ajenas.

Va llorando errante, muy lejos,
hasta que alguien admita hospedarle,
a menudo ciego por la edad, desesperado,
hasta que puede ganar una doncella.

Y para consolar su edad helada
en sus brazos la toma el pobre hombre.
La cabaña desaparece de su vista
y también el jardín con sus dulces encantos.

Los huéspedes están esparcidos por toda la región,
porque el ojo alterado altera todo.
Los sentidos se enrollan en sí mismos, con miedo,
y la Tierra plana se convierte en una pelota.

Las estrellas, el Sol, la Luna, todo huye.
Un vasto desierto sin límites,
y no queda nada de comer o beber,
y alrededor sólo el desierto oscuro.

La miel de sus labios de niña,
el pan y el vino de su dulce sonrisa,
el juego desordenado de su ojo vagabundo
a una ilusoria infancia le conducen.

Porque a medida que come y bebe se transforma
haciéndose más joven cada día,
y ambos, en el salvaje desierto
van errantes llenos de terror y congoja.

Ella huye como cierva salvaje,
su temor planta muchos matorrales salvajes,
mientras él la persigue de noche y de día,
por artificios de amor conducido.

Por artificios de amor y de odio
hasta que el salvaje desierto entero está plantado
con laberintos de díscolo amor
donde vagan el león, el lobo y el oso,

hasta que él se convierte en un díscolo niño
y ella en una llorosa mujer envejecida.
Van a vagar allí, entonces, muchos enamorados.
El Sol y las estrellas aproximan su curso.

Dulce éxtasis los árboles producen
para todos los que vagan en el desierto,
hasta que más de una ciudad allí es alzada
y más de una agradable cabaña de pastor.

Pero cuando hallan al colérico niño
el terror cunde en la extensa región:
gritan ¡El niño, el niño ha nacido!
y huyen en todas direcciones.

Porque hasta la raíz se seca el brazo
de aquel que osó tocar la colérica forma: 
osos, leones, lobos, todos huyen aullando, 
y todo árbol arroja sus frutos.

Y nadie puede tocar esa forma colérica
a menos que lo haga una mujer anciana.
Ella al niño tendido clava sobre la Tierra
y todo pasa como ya lo he dicho.

Isaac Newton (1795)

El hada

Acudid, gorriones míos,
flechas mías.
Si una lágrima o una sonrisa
al hombre seducen;
si una amorosa dilatoria
cubre el día soleado;
si el golpe de un paso
conmueve de raíz al corazón,
he aquí el anillo de bodas,
transforma en rey a cualquier hada.

Así cantó un hada.
De las ramas salté
y ella me eludió,
intentando huir.
Pero, atrapada en mi sombrero,
no tardará en aprender
que puede reír, que puede llorar,
porque es mi mariposa:
he quitado el veneno
del anillo de bodas.

Compasión (1795)

La primavera

¡Que resuene el flautín
que ahora está callado!
Delicia de las aves
de día y de noche;
el ruiseñor
en la quebrada,
la alondra en el cielo,
festivamente,
festivamente, festivamente,
para darle la bienvenida al año.

El muchachito,
repleto de gozo;
la muchachita,
dulce y diminuta;
el gallo canta
como tú lo haces;
voz alborozada,
barullo infantil,
jubilosamente,
jubilosamente,
para darle la bienvenida al año.

Corderito,
aquí estoy;
acércate y lame
mi blanco cuello;
deja que tironee
tu lanilla suave;
déjame besar
tu suave rostro:
jubilosamente,
jubilosamente,
para darle la bienvenida al año.

Eva tentados por la serpiente

Alegria

No poseo nombre:
pero nací hace dos días.
¿Cómo te llamaré?
«Soy feliz.
Me llamo alegría.»
¡Que el dulce júbilo sea contigo!

¡Bonita alegría!
Dulce alegría, de apenas dos días,
te llamo dulce alegría:
así tú sonríes,
mientras yo canto.
¡Que el dulce júbilo sea contigo!

P.6-1972 The Angels Hovering over The Body of Christ in the Sepulchre; by William Blake (1757 – 1827); English; Late 18th century. Pen, ink & watercolour.

El tigre

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes,
en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque?
¿Qué tremendas garras osaron
sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?

‘Dos formas de Los con Enitharmon’, Blake, Plancha 100 de Jerusalem

Un sueño

Cierta vez un sueño tejió una sombra
sobre mi cama que un ángel protegía:
era una hormiga que se había perdido
por la hierba donde yo creía que estaba.

Confundida, perpleja y desesperada,
oscura, cercada por tinieblas, exhausta,
tropezaba entre la extendida maraña,
toda desconsolada, y le escuché decir:
«¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran?
¿Oirán cómo suspira su padre?
¿Acaso rondan por ahí para buscarme?
¿Acaso regresan y sollozan por mí?»

Compadecido, solté una lágrima;
pero cerca vi una luciérnaga,
que respondió: «¿Qué quejido humano
convoca al guardián de la noche?

Me corresponde iluminar la arboleda
mientras el escarabajo hace su ronda:
sigue ahora el zumbido del escarabajo;
«pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa.»

Nueva Jerusalem

¿Y hollaron esos pies, antaño,
los verdes montes de Inglaterra?
¿Y viose el sacro Cordero de Dios
por los pastos ingleses, placenteros?

Resplandeció el divino rostro
sobre nuestras colinas nubladas?
¿Y edificose una Jerusalén
en medio de esos negros, satánicos molinos?

¡Dadme mi arco de oro ardiente!
¡Dadme mis flechas de deseo!
¡Traed mi lanza! ¡Abríos, oh nubes!
¡Traedme mi carro de llama!

No cejará en mi espíritu la lucha
ni ha de dormirse en mi mano la espada,
hasta que levantemos otra Jerusalén
en el solar verdeante y dulce de Inglaterra.

Oberon, Titania and Puck with Fairies Dancing (1785)

La rosa

Estás enferma, ¡oh rosa!
El gusano invisible,
que vuela, por la noche,
en el aullar del viento,

tu lecho descubrió
de alegría escarlata,
y su amor sombrío y secreto
consume tu vida.

William Blake, The Sea of Time and Space, 1821

La esencia humana

No existiría la Piedad
si no hiciéramos pobre a alguien;
y no haría falta la Misericordia
si todos fuesen tan dichosos como nosotros.

Y el miedo recíproco trae paz,
hasta que el amor egoísta se incrementa:
entonces la Crueldad arma su trampa
y esparce sus cebos con cautela.

Se instala con santos temores,
y riega con lágrimas la tierra;
entonces debajo de sus pies
echa raíces la Humildad.

Rápido extiende sobre su cabeza
sombras lúgubres de Misterio;
y la Oruga y la Mosca
se nutren de tal Misterio.

Luego crece el fruto del Engaño,
rubicundo y dulce al paladar;
y el Cuervo su nido instala
en el ramaje más tupido.

Los Dioses de la tierra y el mar
escrutaron la Naturaleza para hallar tal Árbol;
pero la búsqueda fue toda en vano:
crece uno en cada Cerebro Humano.

William Blake (Londres, 28 de noviembre de 1757 – Londres,12 de agosto de 1827). Poeta, pintor y grabador. Blake creció, según parece, en un hogar donde se leía la Biblia a menudo y donde la experiencia visionaria no era considerada como una rareza. Fue un niño sano y feliz que caminaba muchos kilómetros al día por la verde campiña inglesa, que estaba entonces muy cerca de la ciudad, y que leía todo lo que caía en sus manos. A los diez años, tras haber demostrado aptitudes, comenzó a estudiar en la escuela de dibujo de Henry Pars, y a los quince años entró como aprendiz en el taller de James Basire, donde, durante los siguientes siete años, aprendió el oficio de grabador, que por entonces experimentaba un verdadero boom en Inglaterra y se consideraba muy lucrativo. Se calcula que en toda su vida completó unas quinientas ochenta planchas de grabado, la mayoría ilustraciones para todo tipo de libros de carácter comercial. En 1779 entró en las Royal Academy Schools y comenzó a compaginar sus estudios con su trabajo como grabador. En 1782 se casó con Catherine Boucher, una joven analfabeta a la que enseñó a leer y también los rudimentos del arte de grabar. William y Kate formaron una pareja unida y se apoyaron mutuamente toda su vida. Hay una famosa anécdota según la cual un amigo de la pareja que fue a visitarlos, los vio a los dos desnudos en el jardín leyendo en voz alta el Paraíso perdido de Milton .

Aparte de un pequeño libro titulado Poetical Sketches y del poema épico La Revolución francesa, que fueron impresos pero no llegaron a salir a la venta, toda la obra poética de Blake apareció en forma de libros iluminados que producía él mismo de forma artesanal y de los que apenas vendió un puñado de ejemplares. En las impresiones iluminadas los textos se escribían, con alguna sustancia resistente al ácido, en planchas de cobre, donde también se realizaban las ilustraciones. Después el ácido disolvía el cobre no tratado y las placas quedaban listas para imprimir. El resultado de las impresiones se recoloreaba a mano con tinta y acuarela, lo que le proporciona a la obra final un delicadísimo y colorista acabado. Gran fuente de inspiración para Blake fue el gran pintor y grabador del renacimiento aleman Albrecht Dürer (Durero, en español) así como el gran pintor renacentista italiano Michelangelo Buonarroti (Miguel Angel) y el florentino Fray Angélico. Asi mismo se sabe la importancia que tuvieron para Blake las obras de Paracelso, John Milton y Robert Fludd junto con textos como el Corpus Hermeticum y La Biblia.

En Blake la poesía y la pintura estuvieron unidas desde el principio y parece que nunca se consideró a sí mismo más un poeta que un pintor. En 1789 habían aparecido los Cantos de inocencia, ilustrados por él mismo, seguido cinco años después por los Cantos de experiencia, donde expresa la caída del hombre en poemas inolvidables, como «La rosa enferma» o «El tigre».

Blake es considerado un maestro en los «kennings», una de las más antiguas figuras literarias de la tradición anglosajona: pequeñas adivinanzas poéticas, acertijos metafóricos y cruzados que convierten su lenguaje en una fuente continua de connotaciones.

Desde una edad temprana Blake tuvo visiones y fue tomado por loco por la mayoría de sus contemporáneos. Poco o mal comprendido, su carácter místico y visionario le aisló notablemente. Veía desde niño ángeles en los árboles y se comunicaba con presencias que nadie más podía percibir. Era un hombre profundamente espiritual y se consideraba a sí mismo, por encima de todo, un cristiano, en el sentido profundo y “crístico” de la expresión. Para él, la verdadera espiritualidad estaba basada en la revelación directa e individual por medio de la imaginación y, más concretamente, a través del arte. Para Blake el arte es «la vida imaginativa en su totalidad». «Jesús y Sus Apóstoles y Discípulos eran todos Artistas»; Blake negaba que hubiera un infierno eterno y creía en la apocatástasis, es decir en la salvación universal, como Orígenes, y como este, también creía en la preexistencia de las almas a la creación. Decía que “todas las religiones son una”. El Dios de Blake no es un ser lejano y oscuro, sino que es un Dios que está en el hombre y le acompaña siempre. Blake creía que no se puede separar el ”yo” de la naturaleza ya que «el observador” y» lo observado» son lo mismo y que la imaginación es a la vez la persona y el lugar donde se situán todos los seres y acontecimientos de nuestra vida. Pensaba que «profundizar en la experiencia de lo imaginal es expandirse en el seno de Dios».Tampoco creía en la existencia del mal; lo que otros llaman mal, para él era simplemente error. Creía en el perdón permanente de todos los pecados y le parecía que el cuerpo era una fuente de placer y que el placer no podía ser nunca pecado. Creía que la represión sexual era una consecuencia del racionalismo y la religión, que amenazan la visión imaginativa del mundo, y defendía la libertad sexual y la emancipación de la mujer.

En los últimos años de su existencia se vio rodeado por un círculo de amigos y discípulos. De entre las obras literarias de sus últimos años destacan El matrimonio del cielo y el infierno (1793), y más tarde dos entregas escritas e ilustradas entre 1804 y 1820: Milton (1804-1818) y Jerusalén (1804-1820).

Blake fué un adelantado a su época . Su genio, su visión, sólo fueron apreciados en toda su magnitud después de su muerte. Hoy es reconocido como  uno de los autores fundamentales de la modernidad. Su obra inspiró profundamente a prerrafaelitas, simbolistas y a los neorrománticos ingleses del siglo XX. Asimismo, su influencia sobre Carl Gustav JungAldous Huxley o Jim Morrison, entre otros, evidencia la enorme trascendencia que su figura ha tenido en el pensamiento y la expresión artística posterior.

«No conozco ningún otro Cristianismo ni ningún otro Evangelio que el de la libertad»

Enlaces de interés:

https://elvuelodelalechuza.com/2018/12/11/william-blake-poesia-vidente-grabados-iluminados/?fbclid=IwAR1zv23ISvkWoAXnqhswOuFNrYfZF7Dv9chZWJTeJ61mRxrQrw7JCJrrEm0

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22952011000100006

https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/14468-una-carta-del-joven-william-blake-en-defensa-de-la-imaginacion.html

https://www.meisterdrucke.es/artista/William-Blake.html

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